En esto creo
Alejandro Fernández Soto
Secretario Ejecutivo del Consejo Estatal de Seguridad Pública, 42 años

En mi trabajo existen riesgos, como en cualquier otro. Corre riesgo el que maneja una Combi, un buzo profesional (…) pero uno se sabe cuidar y si sucede cualquier cosa, uno ya se rentó para esto. No es algo a lo que pudiera tenerle miedo o sería tanto o igual que el que podría sentir con cualquier otro trabajo. Posiblemente quienes lo quieren a uno se preocupen pero, particularmente, estoy más preocupado por el bienestar de mi familia y la gente que quiero.
No me he fijado una meta para alcanzar un puesto en particular, pero si me invitan a trabajar y me gusta esa posición, la asumiré. Tengo una vida estable que me permite jugar a otras cosas, practicar otras actividades y no por necesidad. Me dedico a los bienes raíces y ese ha sido mi ingreso principal desde hace 20 años. Trabajar por necesidad a veces nos orilla a hacer cosas que no quisiéramos.
No soy el tipo de persona que le gusta sentarse a la tranquilidad de una fogata a leer un libro. Soy más activo: a lo mejor leo diez minutos y salgo corriendo, entonces la lectura no es una actividad normal en mí. Leo todo lo que tiene que ver con el trabajo que desempeño. Me gusta más el cine. Suena malo, porque uno de los grandes problemas que tenemos en México es que no leemos lo suficiente, pero leo lo suficiente para mi profesión.
Cuando hay competencia hay falsas sonrisas, no sólo en la política, en cualquier trabajo, y hay que aprender a vivir con eso. Es un comportamiento normal, animal, y el humano es animal. Puedes tener muy buenos amigos, te puedes pelear con ellos y no hay ningún problema. Somos humanos.
Todos los mexicanos tenemos algún rasgo de corruptos, eso ya no lo podemos negar ni nos podemos hacer a un lado.
Como jefe, el gobernador es muy estricto, me gusta cómo es: no le gustan los errores, es justo, no permite que paguen justos por pecadores, escucha y es muy profesional.
Admiro a quienes cumplen con lo que ofrecen cumplir. No hay grandes líderes en mi vida. Hay palabras muy bien dichas, hay acciones correctas, pero esas acciones correctas pueden ser las de un cartero, las de un albañil o las de un plomero.
Me gusta todo lo que parece que implica riesgos. Tengo aficiones de gente de acción, me gusta bucear, los coches rápidos, la aviación —de hecho soy piloto—, me gusta el paracaidismo; me gusta remar, el mar, el río y todo lo que conlleva una vida un tanto activa. Además siento una atracción, como cualquier hombre, por los coches.
Conozco a Mario Marín desde hace muchísimos años, tenemos una amistad grande y de mucho respeto, con su familia, que se ha alimentado con el paso de los años.
Siempre me ha gustado tratar a la gente como humana, para que también a mí me traten como humano.
Uno de mis retos frente al Consejo Estatal de Seguridad Pública es poder determinar dónde se va a cometer un delito y quién lo va a cometer, antes de que éste se cometa. Es posible y se hace más de lo que creen.
Cuando una persona que tiene todo lo que necesita: familia, amor, una estabilidad mental y la base económica, puede alcanzar un gran nivel de felicidad; aunque el humano es inconforme y nunca va a ser totalmente feliz.
No sé esperar, y no soporto que me hagan esperar, por lo tanto nunca hago esperar a nadie. Cuando eso sucede cambio mi forma de ser, igual y hasta me desequilibro un poco. Me molesta, siento que es una falta de respeto y eso me enerva.
El único defecto que podría verle al periodismo en Puebla es que a veces magnifica las cosas —que por ende, pueden hacer más daño— en lugar de dejarlas en su justa medida. A lo mejor hay tan pocas noticias, que a veces las cosas chicas tienen que hacerlas grandes. Es una crítica sana, quizá si yo fuera periodista haría lo mismo. Salvo eso, creo que existe una gran profesionalidad en el tema del periodismo en Puebla.
Un buen cuerpo de Policía debe saber que se debe a una sociedad y a unas instrucciones; debe ser leal y después viene la capacidad para poder llevar a cabo las instrucciones que recibe de sus altos mandos.
Puebla es el único estado que mantiene el control, sufrimos de una delincuencia “menor” —si es que se le puede llamar de esa manera—, no vivimos una psicosis sobre el asunto de los cárteles y estas cosas.
Nuestro principal problema sigue siendo el robo de vehículos, autopartes, el asalto a casa habitación.
Como jefe soy muy estricto, me gusta que todo sea para ayer, y eso a veces desespera a la gente. Exijo demasiado, pero soy justo a la hora de compensar el buen trabajo.
Platico mucho con mi hija sobre los valores humanos, sobre el respeto a los demás; que debe querer a las personas por lo que son, no por lo que tienen ni por lo que intentan; los valores básicos del comportamiento personal: de qué se puede arrepentir y de qué no.
La base para llegar a ser líder de una corporación de seguridad pública es que la gente confíe en ti, si la gente no está confiando, estás dejando de ser líder, por lo tanto no eres mando y no sirves.
Tengo buen corazón: aunque a veces parece ser un defecto yo lo considero virtud. Creo en el ser humano.
¿Que si no soy exitoso?, considero que no he fracasado, que voy bien. De los errores aprendes, pero fracasar es totalitario. Hasta el día de hoy, he cumplido, y quiero continuar así mi vida, no caer en algún momento mental en el que yo crea que estoy empezando a fracasar.
Texto: Elisa Vega Jiménez
Fotos: Tere Murillo / Ulises Ruiz
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