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En esto creo

 

Miguel Dessavre

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Blanca Alcalá se equivocó de partido, ella debería ser panista, porque concordamos en muchos pensamientos. Nunca se lo he comentado. Ella es una persona muy entregada, trabajadora, me ha gustado mucho trabajar con ella, lo malo es la gente que tiene alrededor, los compromisos que creó para ser presidenta municipal y que no la dejan.

 

Soy medio mocho. Creo que venimos al mundo para hacer algo, y que nuestros actos tienen eco en la eternidad. Ese algo puede traducirse en el bien común, en servir a Dios.

 

Mis maestros deben preguntarse ¿Y éste cómo le hizo? Nunca me distinguí ni por mis buenas calificaciones ni por mi buena conducta. Toda la primaria y la secundaria mi mamá tuvo que ir a hablar a la escuela para poderme inscribir. En la prepa medio me regularicé porque traía un rollo de vocación sacerdotal y medio me compuse. Ya en la universidad mi mamá me dijo “yo sólo te voy a pagar el primer semestre, para lo demás, consigue una beca”, y me gradué con una Cruz Forjada.

 

Los principios del PAN son muy similares a los de la iglesia, por eso vi al PAN como una opción para desarrollar en el ejercicio del poder, lo que había aprendido apostólicamente, como funcionario.

 

Me gustaría ser: diputado local, diputado federal, senador —en el ámbito legislativo—, como parte de un ayuntamiento: secretario general; como parte de un gobierno: secretario de Desarrollo Social. Pero eso no me quita el sueño, porque estoy convencido de que en el momento en que dependa económicamente de esto, me tendrán en sus manos y tendré que pedirle permiso a X o Y.

 

Gracias a Dios no vivo del Ayuntamiento, tengo mi despacho y me va bien.

 

Elegí estudiar derecho porque me gusta andar de traje. Sé que es de risa: yo me había inscrito a medicina y, un día antes dije: “no, ahí no voy a usar traje”; me cambié y me gustó mucho. Ahora estoy especializándome en la cuestión forense.

 

No me gustaría ser como Mario Marín. Nomás hay que verlo. Es una vergüenza que se hable de Puebla por él, por cómo se ha conducido… No daré más ejemplo que el de los libros. Quisiera seguir diciendo, pero me vayan a mandar a enfriar a Valsequillo… jajajaja, es broma.

 

Los políticos tenemos la tentación de dar “sangrita” a los reporteros, y que lo publiquen, de estar señalando babosadas con tal de salir en la foto. Por mi edad, soy el regidor más joven del Cabildo, y mi reto es ser una oposición responsable y propositiva, no oponerme por oponerme.

 

A mi mamá no le cae el veinte que sea el mismo chavito que le daba problemas. La veo sorprendida, que reza mucho para que no me vaya a perder. Tengo una buena relación con ella, es lo único que me queda. Mi papá falleció cuando yo tenía cinco años. Me habría gustado mucho que estuviera ahora.

 

Me apasionan dos libros evidentemente mochos: Meditaciones sobre la fe, es del padre Tadeus Dajczer, y Estaurofilia, significa amante de la cruz: una novela muy bonita que no quieres dejar de leer, es apasionante, trae mitología griega...

 

Quiero ser yo mismo, pero tomaría algunos ejemplos de la presidenta municipal: su apasionamiento por el trabajo; de Luis Paredes, la cuestión de ser aguerrido, es algo con lo que me identifico mucho; de Paco Fraile: nadar de muertito toda la vida; de Felipe Calderón: su habilidad; quisiera la facilidad de palabra de Diego Fernández de Cevallos, y como los fundadores del partido, como Maquío.

 

Siempre fui muy inquieto, anduve en grupos de liderazgo, sobre todo apostólicos. Desde los 17 años me afilié al PAN: ya tengo once años de militancia panista, como miembro activo.

 

Trabajar con Luis Paredes sirvió para que no me mareara el ladrillito en mi actual posición de regidor, porque ya lo pasé, y fue muy difícil, porque en el interior del PAN hay grupos. Yo estaba en el de Paco Fraile y Pablo Rodríguez; trabajaba en el Comité Municipal del PAN, y cuando me invitó Gustavo Guevara a trabajar, muchos dijeron “¿cómo te vas con el equipo de enfrente?”; varios amigos me dejaron de hablar.

 

Luis Paredes tiene sus detalles como todos, pero veo en él a una persona luchadora, congruente y tiene pantalones para hacer las cosas.

 

Era bueno en el tae kwon do, obtuve el primer lugar en un torneo nacional, uno regional y uno estatal, pero luego dejé de entrenar y empecé con la parranda; cuando volví a practicar ¡me pusieron una golpiza!… que ya no volví.


Es básico traer discos de salsa en mi camioneta, música duranguense, cumbia: el pipi pipipipi, me gusta el pop en español y en inglés pero, lo indispensable es la salsa o el son. Me gusta Cuba y juré volver pero no lo he hecho. No creo que me deje mi esposa y no puedo llevármela (risas), imagínate, es como llevar pastel a la fiesta.

 

Por el mismo ajetreo del trabajo descuido a mi esposa, no soy atento como debo ser, ahí es donde a veces me aprieta la tuerca. Lo que nos ha ayudado mucho es que fuimos amigos durante la universidad, luego nos volvimos a encontrar y nos contábamos todo, todo, todo.

 

 

Texto: Elisa Vega Jiménez
Fotos: Tere Murillo

 

 

 

 

 

 



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